¿Quiénes somos?

Somos un equipo español de profesionales de las emergencias que ayudamos de forma voluntaria desde diciembre de 2015 en el sureste de la isla griega de Lesbos y desde septiembre de 2017 comenzamos también a ayudar en el Mediterráneo Central.

Auxiliamos y rescatamos a personas en grave riesgo en el mar.

Nuestros equipos están formados por bomberos, buceadores, nadadores de rescate y sanitarios que rotan cada 15 días.

Cada vez que un nuevo miembro se suma al proyecto recibe jornadas de formación teórica y práctica enfocadas a los salvamentos que realizamos.

Cada proyecto se desarrollará hasta que nuestra ayuda de salvamento y rescate en el mar no sea necesaria o en caso de falta de medios o financiación.

mas informacion en www.proemaid.org

Salvamento Marítimo Humanitario de Gipuzkoa y Proem-Aid de Sevilla trabajan en un nuevo proyecto humanitario

Publicado: Martes, 04 Septiembre 2018 Escrito por administrador

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El objetivo es recabar los 250.000 euros que necesitan para fletar un barco de rescate en el Mediterraneo

Un barco de Salvamento Maritimo en el mediterráneo

Un barco de Salvamento Maritimo en el mediterráneo / Cadena Ser

 

Las ONG Salvamento Marítimo Humanitario de Gipuzkoa y Proem-Aid de Sevilla han apelado hoy a la solidaridad ciudadana para recabar los 250.000 euros que necesitan para fletar un barco de rescate en el Mediterráneo Central ante la dramática situación que se vive entre las costas libias y europeas.

 

Los responsables de la organización guipuzcoana han anunciado hoy en una rueda de prensa en San Sebastián el lanzamiento de la campaña "MaydayTerraneo. Proyecto AitaMari" cuyo objetivo es reforzar el dispositivo de rescate independiente de personas que huyen de realidades "aterradoras" y se embarcan en botes precarios rumbo a Europa.

El objetivo de las dos ONG es fletar durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre, en los que se espera un mayor trasiego de botes, un buque de rescate en este mar que, "según fuentes oficiales y sin contar los desaparecidos", se ha cobrado ya este algo más de 1.300 vidas, ha señalado el presidente de Salvamento Marítimo Gipuzkoa (SMH), Iñigo Mijangos.

Las dos ONG que impulsan conjuntamente este proyecto solidario se comprometen a aportar de sus fondos propios los primeros 50.000 euros, aunque necesitan otros 200.000 euros para hacerlo realidad por lo que han habilitado un crowdfunding y un número de cuenta y han apelado a la solidaridad de particulares, colectivos y empresas.

El secretario de la ONG guipuzcoana, Iñigo Gutiérrez, ha destacado la imperiosa necesidad de dar respuesta a esta "llamada de socorro" y ha afirmado que Salvamento Marítimo de Gipuzkoa ha encontrado la "pareja perfecta" para poder hacerlo en Proem-Aid, asociación sevillana a la que pertenezcan los tres bomberos detenidos en Grecia en 2016.

Los promotores de la iniciativa destacan la necesidad de poner este nuevo buque en el mar porque "los barcos de rescate que hay en la zona ya no dan abasto".

Mijangos ha recordado que son "miles las personas que, intentando escapar de una realidad de guerra y violencia, se enfrentan a una situación de alto riesgo para sus vidas" "La política de las autoridades europeas no contempla una misión de rescate en la zona de aguas internacionales" ya que los esfuerzos se centran en "el control de flujo de entrada obviando el riesgo de las personas empujadas por los traficantes a embarcar en botes con escasa estabilidad que, a duras penas, pueden navegar 20 o 30 millas", ha denunciado.

En su opinión, la "lucha contra los traficantes que potencia la UE no debe suponer una ausencia de medios de rescate con capacidad de hacer frente a las oleadas de botes" ya que "ambas acciones deben ir coordinadas junto con otras como los corredores humanitarios y la pacificación de Libia y el resto de países del África subsahariana".

En el caso de no lograr su objetivo, las dos organizaciones sociales han anunciado que destinaran todas las donaciones recibidas a otras ONG que operan actualmente en la zona.

Fuente :www.cadenaser.com

Así superan los niños refugiados el pánico al mar tras arriesgar su vida en el Egeo

Publicado: Martes, 24 Julio 2018 Escrito por Daniel

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Antes, las aguas cristalinas del Mar Egeo escondían los recuerdos aterradores de Sahar, una chica afgana de 15 años y Satria, su hermano de cinco. Durante su travesía hasta pisar suelo europeo, vieron morir a su madre y sus otros dos hermanos tras caer por la borda de la embarcación. Loorna tenía 10 años cuando llegó a la isla de Lesbos tras huir de la guerra de Siria. Cada vez que volvía a acercarse a ese mar en el que se jugó la vida, gritaba sin parar.

Hoy, Loorna se sube a los hombros de cualquiera y cae al agua dando una voltereta. Satria y su hermana han aprendido a nadar. "Me voy a Turquía", grita Sahar antes de comenzar a dar brazadas, bromeando con la idea de cruzar a nado los algo más de 20 kilómetros que separan el sur de la isla de la costa turca. "Tengo que agarrarla del tobillo para que no se escape", dice entre risas Manuel Elviro, coordinador de Proemaid, en una entrevista con eldiario.es.

Equipados con su bañador, sus zapatos de goma, su toalla y sus gafas de buceo, un grupo de niños refugiados recorre cada tarde el corto camino que hay entre el campo de Pikpa, donde viven, y la playa más próxima. Allí se bañan con los voluntarios de la ONG española, que les ayudan a vencer el miedo al mar en el que arriesgaron su vida. Es el espíritu del 'Proyecto Agua' puesto en marcha este verano por Proemaid. "No son cursos de natación. No es enseñarles a nadar en varios estilos, ni buceo. Se trata de que se reconcilien con el mar", puntualiza Elviro, impulsor de la iniciativa.

Voluntarios de PROEMAID con los niños en el mar.

Voluntarios de PROEMAID con los niños en el mar. MANUEL ELVIRO VIDAL | PROEMAID

Cada uno va a su ritmo. Algunos solo meten los pies, otros participan en los juegos y ya son capaces de nadar encima de los voluntarios. "En el momento en que meten la cara, ya vamos bien. Cuando se ponen nerviosos, los abrazamos y tratamos de tranquilizarlos", apunta el coordinador de la ONG de rescate.

"Son niños que proceden de zonas muy áridas. No han visto el mar en su vida y su primer contacto con él ha sido una experiencia traumática: una travesía de noche, sin saber nadar, con hipotermias y ataques de pánico. A veces, pierden gente por la mala mar. Tienen mucho miedo", explica.

Un miedo que se refleja en los dibujos de los más pequeños. Fue, según cuentan, el origen del proyecto. El año pasado, cuando las llegadas disminuyeron tras el acuerdo UE-Turquía, el equipo de la ONG comenzó a fijarse en las pinturas de los niños de Pikpa. "Dibujaban el mar como algo oscuro, con cadáveres... y decidieron meterlos en el agua", recuerda Antonia Trigueros, voluntaria de la organización.

Uno de los dibujos del mar de los niños del campamento de Pikpa.

Uno de los dibujos del mar de los niños del campamento de Pikpa. MANUEL ELVIRO VIDAL | PROEMAID

Su idea inicial, comenta Elviro, era darles charlas en la playa. "El mar tiene esa parte terapéutica... Primero se mojaron los pies. Después las rodillas. Se agarraban como koalas y decían 'blue no good' (el 'azul' no es bueno)", relata. "Soy mallorquín, amo el Mediterráneo y no podía tolerar que tengan ese miedo a mi mar", continúa.

"Se sienten niños otra vez"

Por ahora son 14 menores, aunque poco a poco, asegura la ONG, se van animando más. Entre ellos están Nadia y Rania, dos gemelas sirias de 12 años que ya usan aletas y están aprendiendo a colocar los brazos para nadar a crol. Les acompaña Hansi, un niño sirio de 10 perdió a toda su familia en un bombardeo. "Nos cuenta que cuando viene a nadar con nosotros, por fin puede dormir. El mar le relaja, no paran en toda la tarde", afirma Elviro.

"Cada día nos esperan después del colegio. Los niños están todo el día en el campo, es su momento para salir. Saltan de alegría, están encantados, para ellos es un juego. Pero enseñarles a nadar también es una cuestión de dignidad. Que se sientan niños otra vez", sentencia Trigueros. También, aseguran, se han unido algunos padres y madres que los acompañaban y que quieren superar el miedo. "Una madre se metió este martes con su bebe hasta la rodilla", celebra Elviro.

"El mejor tratamiento para el trauma es enfrentarlo"

"Cuando los refugiados desembarcan en la playa, se puede ver todo el espectro del trauma, desde el simple temor, el llanto, los gritos o la histeria hasta situaciones disociativas [como la pérdida de memoria y conciencia] y psicóticas", precisa Essam Daod, psiquiatra Infantil y psicoterapeuta co fundador de Humanity Crew, ONG especializada en proporcionar apoyo de salud mental a los refugiados.

"La mayoría de los bebés que llegan no lloran y creemos que, simplemente, no entienden lo que ha pasado. Pero si hablas con sus madres, entiendes que lloraron tanto que dejaron de llorar y de responder", ejemplifica en una conversación con eldiario.es.

Daod, que trabaja en Grecia desde 2015 y ha colaborado en el proyecto de Proemaid, explica que el trauma provocado por el viaje en el mar Egeo "no es algo que el ser humano pueda manejar" porque se añade a "los múltiples traumas que ya enfrentan durante los últimos años" en sus países y en su viaje a Turquía. "Su salud mental no es fuerte desde el principio", argumenta. "El impacto para el futuro es casi seguro. Y se presentará de formas diferentes como el post-trauma, la depresión, la ansiedad y la fobia al mar", prosigue.

Refugiados llegando a la costa griega de Lesbos con fuerte temporal / EFE / Yannis Kolesidis

Refugiados llegando a la costa griega de Lesbos con fuerte temporal / EFE / Yannis Kolesidis

De todos los pacientes que ha tratado, Daod recuerda a una madre y su hijo de cinco años que llegaron en barco un día de invierno muy frío. "La madre entró en un estado disociativo y perdió todo contacto con la realidad. Solo temblaba y jadeaba. Su hijo la abrazó y la acarició todo el tiempo y trató de llamarla, pero ella no respondía. Sufrió mucho", recuerda. "Después de tres horas trabajando con ella, recuperó la conciencia y abrazó a su hijo, quien creo que nunca se recuperará de su trauma", continúa.

Para el psiquiatra, "la única posibilidad" de que estas personas se recuperen y no se vuelva irreversible, sobre todo en los niños, es recibir "apoyo psicosocial y tratamiento tan pronto como sea posible". Por esta razón, valora positivamente proyectos como el de la ONG.

"Es la intervención más adecuada para estos niños, ya que combina todos los elementos esenciales de la terapia de trauma: el lugar (el mar) y el tiempo (muy cerca del trauma). Además, la natación también da una sensación de control donde no tenían control y solo mandaba el miedo. El mejor tratamiento para el trauma es enfrentarlo", concluye.

"Somos la respuesta ciudadana al fracaso político"

La iniciativa se ha replicado en otros campos como el de Kara Tepe. Elviro ya busca la manera de poder trabajar también con niños del campo de Moria. "Es una cárcel. Ellos sí que están mal", apunta. "Al lado de Moria y Kara Tepe, Pikpa es un lujo", sostiene Trigueros.

Según cifras del Gobierno griego, casi 4.000 personas refugiadas permanecen atrapadas en Lesbos. "El modelo Nauru –isla del pacífico en la que Australia retiene a los refugiados– es el que Grecia mantiene con las islas, y el que Europa mantiene con Grecia. Están privados de libertad. Esto no es una tragedia, es una masacre. Una epidemia de amnesia colectiva", denuncia el coordinador de la ONG. 

"Están muy acabados. Antes había un brillo en sus ojos, porque habían llegado y podían seguir. Pero ahora, la gente vive en chozas desde hace meses. Hay mucha frustración e incertidumbre. Por eso tratamos de trabajar con mucho cariño y comprensión", describe. "Somos la respuesta ciudadana al fracaso político. La primera línea. Con nada, con una barca vieja, hemos rescatado a más de 50.000 personas. Los niños cuando nos ven bajar del coche para ir a la playa nos gritan '¡España!'. Esta es la verdadera marca España", sentencia.

Informa:www.eldiario.es

De guardia en las playas de Lesbos

Publicado: Jueves, 31 Mayo 2018 Escrito por administrador

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Lesbos ya no está en primera plana de la prensa, pero aquí siguen sucediendo cosas... Tras la crisis de los refugiados de 2015 y el "acuerdo de la vergüenza" con Turquía que entró en vigor en marzo de 2016, parece que esta zona de las islas griegas vecinas a Turquía (Lesbos, Chios, ...) se ha estabilizado como una de las rutas del Mediterráneo oriental de entrada de refugiados y de inmigrantes irregulares. Las cifras están muy alejadas de las de la crisis de 2015, pero siguen siendo muy importantes. Solamente a la Isla de Lesbos se estima que están llegando alrededor de unas 200 personas a la semana (en unos cinco botes semanales). Sin embargo, como desde el bloqueo de las fronteras todos estos refugiados pueden llegar a permanecer meses o años en la isla antes de ser autorizados a viajar fuera de ella o antes de ser deportados, el hecho es que la población de refugiados vuelve a ser muy elevada. Podría haber unas 7.000 personas refugiadas en la isla.

 

La operativa de llegada en esta zona parece ser más o menos la que a continuación se describe. Las mafias turcas que se ocupan del traslado de inmigrantes desde el lado turco centralizan su actividad en torno a Izmir, la antigua Esmirna, que es la principal ciudad turca de esta zona costera de Asia menor. Allí se negocian los precios y se organizan los viajes. Según las posibilidades económicas de los viajeros éstos son asignados a las diferentes rutas existentes (hacia diferentes zonas de Lesbos, de Chios, etc.). Cuanto menos arriesgada o más corta la ruta más caro el precio del viaje. Los viajeros son recogidos en autocar por la noche y trasladados a los puntos en los que saldrán los botes. Se trata de botes neumáticos muy precarios, llamados "dinguis", impulsados por motores de escasa potencia, y con apenas capacidad de maniobra, aunque también se están empezando a utilizar lanchas muy básicas pero más rápidas que los anteriores.

 

Los inmigrantes son fundamentalmente de Siria, Irak, Afganistán, Pakistán y de varios países de África Subsahariana (Eritrea, etc.). Por ejemplo, estos días hemos conocido a varios jóvenes inmigrantes, todos chicos, de la República Democrática del Congo -gente noble, educada y estupenda.

 

 

J.A.FERNÁNDEZ CORNEJO

 

¿Cuántas personas están en el lado turco? ¿Cómo viven? La situación social y política de Turquía es difícil y compleja, y difícil es también la situación de los refugiados que están allí. Por una parte, parece ser que en Turquía puede haber ahora mismo unos 3 millones de personas refugiadas y también muchos inmigrantes irregulares. En teoría en Turquía los refugiados pueden moverse libremente por el país, tienen permiso de trabajo y acceso a la sanidad pública. Ahora bien, estos refugiados son el último eslabón de una sociedad empobrecida y con grandes desigualdades económicas.

 

Por otra parte, los refugiados que hemos contactado en Lesbos nos hablan de un comportamiento muy duro por parte de las autoridades y la policía turcas con los inmigrantes, por ejemplo, cuando éstos fracasan en sus intentos de pasar a Grecia. Cuando los refugiados son devueltos a Turquía son conducidos a prisión durante aproximadamente un mes, en prisiones con unas condiciones muy precarias. Además, el trato que reciben cuando son interceptados por patrulleras turcas puede ser también muy duro (algunos refugiados consultados hablan de acciones como "el vuelco del bote").

Tras el cierre de las fronteras turcas, muchos de los refugiados que pretendían viajar a Europa parece que han decidido desarrollar sus vidas en Turquía (indefinidamente o hasta que acaben los conflictos en sus países). Sin embargo, otra parte de ellos mantiene la ilusión y el empeño de llegar a Europa. Algunos de éstos tratan de cruzar ilegalmente por las fronteras terrestres de Turquía con Bulgaria y Grecia. Otros lo intentan a través de las islas griegas, incluida Lesbos.

 

 

J.A.FERNÁNDEZ CORNEJO

 

En el caso de Lesbos hay básicamente dos rutas de llegada. La del norte, más corta, de unos 5 kilómetros de mar. Esta ruta es la más cara y, aparte de los dinguis que llegan a ella, parece ser que existe también una opción de ser trasladados en lanchas rápidas que dejan a los refugiados en una peligrosa zona de rocas de la costa de Lesbos para a continuación retornar rápidamente a la costa turca. La otra ruta, en la que nosotros hacemos las guardias, es la del sudeste, cerca de Mitilene, la capital de Lesbos y al lado del aeropuerto. Es una ruta más larga –unos 20 kilómetros-. Aquí llegan menos dinguis y su coste es menor, dada la mayor peligrosidad y la mayor duración (unas 3 horas) de este trayecto. En los últimos días parece que comienzan a llegar aquí embarcaciones tipo lancha, más seguras y más rápidas.

Una parte de los botes son interceptados en el lado marítimo turco y devueltos a la costa turca. Sus ocupantes, como decíamos antes, son detenidos e ingresados en prisión. La mayoría de dinguis que consiguen llegar a las aguas griegas son interceptados por las patrulleras del Frontex (European Border and Coast Guard Agency) y, en el caso de la isla de Lesbos, son conducidos directamente al centro de recepción/detención del campo de Moria. Sin embargo algunos botes no son interceptados por Frontex y consiguen llegar a las playas de Lesbos (de la zona norte o de la zona sudeste de la isla). En este caso son los voluntarios de varias asociaciones humanitarias quienes intentan asistirles y recibirles en su proceso de llegada.

Una de estas asociaciones es Proem-Aid, integrada por profesionales de emergencia que dedican como voluntarios su tiempo al rescate y auxilio de quienes llegan por mar. Además estos profesionales son ayudados en la playa por voluntarios que se ocupan de la recepción de los recién llegados. Aparte del importantísimo papel en materia de rescate que desempeñan los rescatadores de Proem-Aid, hay una segunda función que desempeñan los voluntarios en playa. Se trata de dar a los recién llegados una bienvenida con calor y con cariño. Pensemos que, en muchos casos, estas personas no solo han pasado por situaciones de grandes privaciones y de alto riesgo, sino que, además, han sido tratadas con rudeza, de manera que, para ellas, una bienvenida calurosa es algo nuevo y que puede tener un gran valor (como el valor de sentirse tratados con dignidad).

En la zona de hombres solteros se concentran unos 26 hombres por habitación, en un ambiente y un contexto que propicia peleas, tensiones, situaciones de acoso o agresiones entre los propios refugiados.

En este momento Proemaid actúa en el denominado "Camp Fire", situado en la playa situada al lado del aeropuerto, en la zona sudeste de la isla, cerca de la capital Mitilene. En el actual turno (agosto de 2017, o "32 team") se encuentran tres expertos en rescate de Proemaid (Salva, Javier y José María) y seis voluntarios no expertos en rescate (Eulalia, Marta, Alberto, Mirella, Rodrigo y quien escribe). Además están Lara, algo así como la coordinadora estable del proyecto, y varias personas más que se suman cada día a las guardias, incluidas varias personas refugiadas que dedican su tiempo en la isla al voluntariado (hay por aquí personas admirables, que continúan ayudando a los demás incluso cuando ya se les ha comunicado que no se les concede al asilo y que van a ser deportadas).

¿Situación una vez en la isla? Hay tres campos de refugiados: Moria, Kara Tepe y Pikpa, los tres próximos a Mitilene, zona en la que se concentra la mayoría de la población de la isla. Tanto en Moria como en Kara Tepe hay unas 3.000 personas. Pikpa es un campo pequeño (un antiguo camping), pensado para personas particularmente vulnerables. Allí hay unas 60 personas. Además hay refugiados que viven fuera de estos establecimientos. Algunos de ellos en la calle o en varios "squats" (edificios abandonados ocupados) situados la mayoría de ellos cerca del campo de Moria. Además, por esta zona existe el denominado "One Happy Family", una especie de centro de actividades gestionado por la fundación Swisscross.

Moria es el lugar al que son conducidos todos los refugiados que llegan a la isla. Cuando, de noche, se intercepta o llega a la costa un bote, una vez en tierra, estas personas son introducidas en un autobús con rejas de la policía. Este autobús las lleva a la comisaría de Mitilene. Los inmigrantes pasan la noche dentro del autobús en el aparcamiento de la comisaría. A la mañana siguiente son conducidos al centro de recepción de Moria (Moria tiene varias áreas separadas; una de ellas es este centro de recepción). Todo el campo de Moria, al que no pueden acceder visitantes, está rodeado por una doble alambrada de pinchos y concertinas. El centro de recepción es un área dentro del campo que, a su vez, tiene una elevada doble valla coronada de concertinas. Todas estas elevadas vallas de pinchos y concertinas, por fuera y dentro del campo, brillantes, limpias, color plata, sin vegetación, contribuyen a acentuar en quien se acerca aquí por primera vez la sensación de sobrecogimiento, de conmoción... Los recién llegados pasan en esta área, sin poder salir, entre 25 días y tres meses, mientras se realizan los primeros trámites burocráticos.

Una vez superado este período pasan a las áreas de familias, varones solteros o menores no acompañados. Quienes están en estas áreas –también rodeadas de doble valla de pinchos- pueden salir del campo. Además existe una quinta zona o "cárcel", de donde no se puede salir, destinada a personas que van a ser deportadas de manera inminente. Y finalmente se encuentra el lugar en donde los inmigrantes realizan los trámites y dos entrevistas con vistas a recibir o no el estatus de refugiados (el asilo). Todo el habitáculo tiene forma de gran cuadrilátero íntegramente recubierto de barrotes y concertinas (también en el techo). Aquí se pueden producir situaciones dramáticas, por ejemplo, cuando se recibe la comunicación de denegación de asilo. Nos han comentado que se han llegado a dar casos en que un miembro de una familia que recibe esta comunicación de deportación ya no vuelve a ver al resto de sus familiares, situados al otro lado de la valla.

 

J.A. FERNÁNDEZ CORNEJO

 

Las condiciones en estas cinco zonas son bastante difíciles. El campo no proporciona ninguna actividad lúdica o de recreo. En la zona de hombres solteros se concentran unos 26 hombres por habitación, en un ambiente y un contexto que propicia peleas, tensiones, situaciones de acoso, agresiones, etc., entre los propios refugiados. Hay jóvenes (sobre todo los más vulnerables, por ejemplo homosexuales o miembros de determinadas minorías étnicas) en esta zona que, a las causas de ansiedad y angustia derivadas de su situación de refugiados atrapados en Lesbos, tienen que sumar la ansiedad de convivir en un entorno de grupo a veces muy hostil, como éste.

En el campo de Kara Tepe parece ser que la situación es mejor. Es un campo más familiar y abierto (aunque no se permite el acceso a visitantes). El campo de Pikpa es mucho más pequeño (unas 60 personas) y acoge sobre todo a personas particularmente vulnerables (por ejemplo, una madre soltera con dos hijos, uno de ellos con autismo; un grupo de cinco chicos homosexuales que han experimentado situaciones de acoso y agresión en otros campos). En este campo el ambiente es bastante agradable. Finalmente están las personas (todos chicos) que deciden abandonar estos tres campos y que viven en la calle o en varios squats situados en edificios abandonados. Sus condiciones de vida material y de seguridad son muy precarias.

Todas las personas que están realizando los trámites para la obtención del estatus de asilo -tramitación que puede durar muchos meses o más de un año- reciben 90 euros al mes, no tienen permiso de trabajo y no pueden abandonar la isla.

Las condiciones materiales son duras, y ello acentúa el principal aspecto que te transmiten la mayoría de inmigrantes cuando hablas con ellos: la sensación psicológica de angustia, de ansiedad y, en muchos casos, de abatimiento, que produce el sentimiento de estar atrapado (durante meses o años) y la incertidumbre sobre el resultado final de este bloqueo: ¿continuar hacia su destino final con el estatus de refugiado? ¿Deportación a Turquía o a su país de origen? ¿Fugarse de la isla y vivir como inmigrante irregular en Europa? El ser humano no está preparado por la naturaleza para la situación de inactividad y de falta de perspectivas... Pero además, esta durísima prueba la tienen que realizar personas que acaban de pasar, casi todas, por experiencias personales, familiares y sociales muy duras y a menudo traumáticas (persecución, tortura, asesinato de familiares, de amigos,...). En las conversaciones alegres, ligeras, con algunas de estas personas, de pronto, inesperadamente, puede surgir una historia de una dureza y violencia extremas. Es imposible que estos traumas no dejen una honda huella emocional en estas personas.

La situación emocional de muchas de estas personas a las que se les ha denegado el asilo es de una intensa desazón. Nos hemos encontrado a chicos que están en una angustiosa situación de bloqueo emocional.

¿Cómo se abandona la isla? Tras muchos meses de tramitación (hay personas que nos dicen que llevan con este trámite más de un año y medio) a una parte de los solicitantes se les otorga el estatus de asilo político en Grecia, de manera que reciben una tarjeta de refugiado que les permite moverse libremente y trabajar en Grecia y recibir la correspondiente protección subsidiaria. Otros obtienen el estatus de refugiado en otros estados de la UE y pueden viajar a ellos. Pero a muchos otros se les deniega la condición de asilo. Una parte de ellos son conducidos a la zona de cárcel del campo de Moria desde donde serán trasladados a Turquía o a sus países de origen. Otros muchos permanecen en la isla de Lesbos en espera de la deportación.

La situación emocional de muchas de estas personas a las que se les ha denegado el asilo es de una intensa desazón (imagínese uno mismo en una situación como ésta...). Muchos, la mayoría chicos jóvenes, optan por escaparse; es decir, por viajar irregularmente a Atenas. Para ello tienen que conseguir unos 700€ para pagar a las mafias que intentarán sacarlos de la isla, normalmente como polizones en los ferries que enlazan Mitilene con Atenas. Pero claro, en una isla de escasa población como ésta y sin permiso de trabajo es muy difícil conseguir esa cantidad. Nos hemos encontrado a chicos que están en una angustiosa situación de bloqueo emocional.

A todo esto, y respecto de la actitud con los refugiados de los 85.000 habitantes griegos de esta isla, parece que, en términos generales, es buena. Se percibe una extraña mezcla de actividad cotidiana en el sector turístico, comercial, etc. con la presencia de los refugiados.

 

J.A.FERNÁNDEZ CORNEJO

 

¿Y los voluntarios que hay por la isla? Ahora, en agosto, hay muchos. Algunos (la mayoría) vienen a colaborar en proyectos bien establecidos y otros intentan encontrar aquí el tipo de actividad en que trabajar. Hay voluntarios de largo y plazo y están los que realizan estancias más cortas aprovechando sus vacaciones o el descanso en sus estudios.

¿Qué aportan estos voluntarios de corto plazo? Primero, ayuda y trabajo en los proyectos en los que se integran. Segundo, y quizás más importante, "estar con las personas refugiadas". Escuchar sus historias, empatizar con ellas aunque no esté en sus manos solucionar los acuciantes problemas que los refugiados les plantean. Muchos refugiados, en los campos, en los squats, en la calle, dan hospitalidad y saludan con particular calor y autenticidad a quienes se acercan a hablar con ellos y ellas, a quienes comparten con ellos unas tortas de pan, un café... Y tercero, estos voluntarios actúan de testigos de lo que sucede por aquí y pueden contribuir, de esta manera, a que no se olvide esta crisis humanitaria crónica que está sucediendo en el Mediterráneo.

Los que gozamos del privilegio de pertenecer a un grupo social favorecido a menudo no somos conscientes de ello. Estar unas semanas con estos amigos nos ayuda a hacerlo.

Informa :Prensa , Proem-Aid